VENERABLE
SOR MÓNICA DE JESÚS
Breve Semblanza
¿Quién es?











(Así la describen los testigos del Proceso de Canonización)
Bien proporcionada, más
bien alta, de color agradable, morena y algo sonrosada. Ojos grandes y negros,
de mirada profunda y dulce. Voz agradable. Su andar, muy natural aunque algo
vivo. Gran personalidad. De temperamento alegre, simpático, muy equilibrado.
“Su manera de ser inspiraba algo especial, sobre todo con la mirada, como si
estuviera siempre en la presencia de Dios y es que de hecho estaba siempre en
Él y con Él, aunque atendía muy bien y con toda servicialidad a cuantos
acudíamos a ella”.
VIDA
Su nacimiento tuvo lugar
el 17 de mayo del año 1889 en un pequeño pueblo de la ribera de Navarra llamado
Monteagudo, pequeño en habitantes -unos 1400- pero no en historia -su fundación
parece remontarse a la época visigoda-, situado a la falda del Moncayo. Ese
mismo día recibió el bautismo con el nombre de Basilia. Fue la tercera de los
10 hijos que tendrían sus padres, Eusebio Cornago y María Zapater.
Basilia fue de niña muy
normal, -la mamá solía decir que Basilia era la hija más guapa y salada que
tenía-; bailaba muy bien la jota y otros bailes regionales. Aprendió a coser, a
bordar; hacía punto (toquillas), labores de
ganchillo y no se le
daba nada mal la cocina. Era muy amiga de los animales y con predilección de
los corderillos.
Fue educada en una
familia campesina de profundas raíces cristianas, de costumbres edificantes, de
comportamiento cabal, sencillo, austero. A los cuatro años vio por primera vez
a su ángel junto con el de una amiguita. Basilia le pidió al suyo que le
enseñara a amar mucho a Jesús. Sentía pasión por la Eucaristía. Se
preparó intensamente a su Primera Comunión; ese primer encuentro con Jesús no
lo olvidará nunca.
A los 19 años pide su
ingreso en el monasterio de Santa María Magdalena de Baeza, (Jaén) de monjas
Agustinas Recoletas, fundado a mediados del siglo XVI.
El 6 de enero de 1910 fue admitida a la
Primera Profesión como Basilia de santa Mónica. Se le llamará Sor Mónica.
La vida de sor Mónica transcurre entre las
labores propias del monasterio a las que coopera conforme la obediencia y, sobre
todo, el trato directo y espontáneo con Jesús, conformándose siempre a Su
Voluntad, llenando las horas de vehementes y apasionados actos de amor a Dios,
con confianza ciega en la Divina Providencia; contemplando y viviendo la Pasión
de Cristo como cosa propia: “Así he aprendido a amarte más cada día, subiendo a
la cruz contigo y padeciendo por ti”.El demonio le pone continuas asechanzas
para apartarla del camino de la virtud. Sor Mónica lo vence, ayudada por la
gracia divina, una y otra vez. Por encargo de su padre espiritual un día le
pregunta: Por qué me tratas así, ¿qué te he hecho? A lo que el demonio
responde: “¡Anda, maldita!, si no has hecho otra cosa que darme guerra desde
que tienes uso de razón”. Escribe sor Mónica: “Jesús me libra de sus garras”.
“Era muy devota del Divino Corazón de
Jesús en la Eucaristía del que estaba locamente enamorada; por eso sentía
muchísimo los ultrajes, desprecios, pecados, faltas y ofensas que se le hacían,
y, en cambio, se regocijaba cuando le hacíamos honores, o se enteraba de que se
los hacían”.
Murió santamente el 14 de junio de 1964.
Y nos dejó una promesa: “Desde el
Cielo miraré mucho más por vosotros”.